“Hola, ¿Su enfoque es abolicionista?”

Hace unos días, junto a un amigo, y el aporte económico de un sin número de personas -
ninguna de ellas vegana, ninguna de ellas activista por los derechos animales, pero
evidentemente con sensibilidad con el tema animal -, logramos trasladar a un cerdita de 9 años,
desde Peñaflor a su nuevo hogar en Lampa. Para ello, gracias a los datos entregados por los
fundadores de un santuario de animales usados en la industria de la alimentación, dimos con
un veterinario de animales mayores que, además, nos ayudó a conseguir el transporte para la
cerdita de nombre Matilde Carmela. El día de la operación de traslado de Matilde, llegó el
veterinario, su ayudante y el chofer del camión. Sin ellos, - ninguno de ellos vegano, ninguno de
ellos activista por los derechos animales - hubiese sido imposible lograr el objetivo.
En paralelo, en nuestro instagram recibimos un comentario / consulta sobre si nuestro enfoque
es o no abolicionista. ¿Lo somos? Pero por supuesto que no.
Hace tiempo ya que grupos de veganas y veganos, activistas por los derechos de los animales,
vienen pregonando que el único camino es el camino de “el veganismo es sólo por los
animales”, y que lo único que importa, es hablar de veganismo y nada más. Lo mismo que
plantea Gary Francione con su idea de las campañas monotemáticas. Si, el mismo Francione
funado y expulsado de festivales veganos europeos por jugoso y por criticar a las propias
organizaciones por su falta de enfoque abolicionista.
Y el problema (o al menos, uno de ellos), no es sólo que estratégicamente esta postura
abolicionista no sirve y ha demostrado ser poco eficiente. Cómo dice una amiga, si el
abolicionismo vegano fuese la solución, entonces hace tiempo que los animales serían libres.
Pero eso no ha pasado, ni tampoco pasará. Pues entonces, el problema no sólo es eso, sino
también la copia sin cuestionamientos de una idea sumamente individualista que poco y nada
podría hacer en nuestros territorios latinoamericanos.
Los veganos abolicionistas son los mismos que dicen a viva voz que el veganismo es SÓLO
una cosa, y nada más que esa cosa. Replicando, de esa manera, un concepto creado hace ya
décadas por europeos / gringos, blancos, hombres y privilegiados. ¿Ser vegano abolicionista es
defender, cómo buen fundamentalista de la RAE, que el término vegano no se toca? Ya más de
una vez me ha tocado ver discusiones en las redes sociales de veganos “soy mejor que tú”
defendiendo lo inmodificable del término y que, ¡cómo se te ocurre!, no se puede mezclar con
otros conceptos, definiciones, luchas colectivas propias de nuestros territorios. Parece que en
eso estamos.
Entonces, ¿qué somos? Creemos que no solo es posible, sino necesario, cuestionar el término,
el concepto histórico de “veganismo” para adaptarlo a nuestras realidades, y así sacarle de
encima, entre otras cosas, esa desagradable característica de individualismo que hace creer a
algunas y algunos, no sólo que ser “vegana/o” es más que suficiente, sino que efectivamente
ser vegano/a te hace mejor que otras personas no veganas.
En ese contexto, creemos en un veganismo y activismo por los derechos animales con enfoque
interseccional. El veganismo no tiene que ser solo para y por los animales víctimas de la
explotación. El veganismo debe ser también por las personas, porque en cada grupo de
personas, existen no solo potenciales personas que optarán por una alimentación basada en
plantas / vegana por el hecho de empatizar con la explotación de los animales, sino también
personas que sufren algún grado de explotación y/o discriminación, y que ya se activan
politicamente en esa dimensión. Las conexiones entre las luchas resultan más que evidentes, y
es cuestión de estrategía lanzar puentes entre las luchas.
También creemos en la táctica total, a propósito de que cada individuo puede hacer por los
animales lo que su vida y tiempo le permita. Escribir y enviar un correo, aportar
económicamente, difundir una campaña en redes sociales, participar físicamente en una
protesta, trabajar de forma voluntaria en un refugio o santuario, hacer lobby por los animales,
rescatar animales desde un centro de explotación. No existe eso de una acción única, sino una
combinación de las mismas con un fin último, cómo también existen distintas personas, con
distintas historias, distintos tiempos, distintas disposiciones, todas con el potencial de formar
parte de este movimiento, y otras que simplemente no lo serán nunca por distintas razones.
Pero entonces, ¿qué somos? Por los animales, debemos ser lo más pragmáticos posibles:
haremos todo lo que pueda ayudar, en distintos niveles y distintas formas, a los animales que
son víctimas de la explotación. Por ello, debemos ser permanentemente críticos y estar
constantemente testeando nuevas estrategías. Somos, entonces, abolicionistas pragmáticos.





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