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“Hola, ¿Su enfoque es abolicionista?”

8 ago
3 min de lectura

Eye-level view of a lush forest habitat

Hace unos días, junto a un amigo, y el aporte económico de un sin número de personas -

ninguna de ellas vegana, ninguna de ellas activista por los derechos animales, pero

evidentemente con sensibilidad con el tema animal -, logramos trasladar a un cerdita de 9 años,

desde Peñaflor a su nuevo hogar en Lampa. Para ello, gracias a los datos entregados por los

fundadores de un santuario de animales usados en la industria de la alimentación, dimos con

un veterinario de animales mayores que, además, nos ayudó a conseguir el transporte para la

cerdita de nombre Matilde Carmela. El día de la operación de traslado de Matilde, llegó el

veterinario, su ayudante y el chofer del camión. Sin ellos, - ninguno de ellos vegano, ninguno de

ellos activista por los derechos animales - hubiese sido imposible lograr el objetivo.

En paralelo, en nuestro instagram recibimos un comentario / consulta sobre si nuestro enfoque

es o no abolicionista. ¿Lo somos? Pero por supuesto que no.

Hace tiempo ya que grupos de veganas y veganos, activistas por los derechos de los animales,

vienen pregonando que el único camino es el camino de “el veganismo es sólo por los

animales”, y que lo único que importa, es hablar de veganismo y nada más. Lo mismo que

plantea Gary Francione con su idea de las campañas monotemáticas. Si, el mismo Francione

funado y expulsado de festivales veganos europeos por jugoso y por criticar a las propias

organizaciones por su falta de enfoque abolicionista.

Y el problema (o al menos, uno de ellos), no es sólo que estratégicamente esta postura

abolicionista no sirve y ha demostrado ser poco eficiente. Cómo dice una amiga, si el

abolicionismo vegano fuese la solución, entonces hace tiempo que los animales serían libres.

Pero eso no ha pasado, ni tampoco pasará. Pues entonces, el problema no sólo es eso, sino

también la copia sin cuestionamientos de una idea sumamente individualista que poco y nada

podría hacer en nuestros territorios latinoamericanos.

Los veganos abolicionistas son los mismos que dicen a viva voz que el veganismo es SÓLO

una cosa, y nada más que esa cosa. Replicando, de esa manera, un concepto creado hace ya

décadas por europeos / gringos, blancos, hombres y privilegiados. ¿Ser vegano abolicionista es

defender, cómo buen fundamentalista de la RAE, que el término vegano no se toca? Ya más de

una vez me ha tocado ver discusiones en las redes sociales de veganos “soy mejor que tú”

defendiendo lo inmodificable del término y que, ¡cómo se te ocurre!, no se puede mezclar con

otros conceptos, definiciones, luchas colectivas propias de nuestros territorios. Parece que en

eso estamos.

Entonces, ¿qué somos? Creemos que no solo es posible, sino necesario, cuestionar el término,

el concepto histórico de “veganismo” para adaptarlo a nuestras realidades, y así sacarle de

encima, entre otras cosas, esa desagradable característica de individualismo que hace creer a


algunas y algunos, no sólo que ser “vegana/o” es más que suficiente, sino que efectivamente

ser vegano/a te hace mejor que otras personas no veganas.

En ese contexto, creemos en un veganismo y activismo por los derechos animales con enfoque

interseccional. El veganismo no tiene que ser solo para y por los animales víctimas de la

explotación. El veganismo debe ser también por las personas, porque en cada grupo de

personas, existen no solo potenciales personas que optarán por una alimentación basada en

plantas / vegana por el hecho de empatizar con la explotación de los animales, sino también

personas que sufren algún grado de explotación y/o discriminación, y que ya se activan

politicamente en esa dimensión. Las conexiones entre las luchas resultan más que evidentes, y

es cuestión de estrategía lanzar puentes entre las luchas.

También creemos en la táctica total, a propósito de que cada individuo puede hacer por los

animales lo que su vida y tiempo le permita. Escribir y enviar un correo, aportar

económicamente, difundir una campaña en redes sociales, participar físicamente en una

protesta, trabajar de forma voluntaria en un refugio o santuario, hacer lobby por los animales,

rescatar animales desde un centro de explotación. No existe eso de una acción única, sino una

combinación de las mismas con un fin último, cómo también existen distintas personas, con

distintas historias, distintos tiempos, distintas disposiciones, todas con el potencial de formar

parte de este movimiento, y otras que simplemente no lo serán nunca por distintas razones.

Pero entonces, ¿qué somos? Por los animales, debemos ser lo más pragmáticos posibles:

haremos todo lo que pueda ayudar, en distintos niveles y distintas formas, a los animales que

son víctimas de la explotación. Por ello, debemos ser permanentemente críticos y estar

constantemente testeando nuevas estrategías. Somos, entonces, abolicionistas pragmáticos.

 
 
 

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