La violencia también se hereda

El colonialismo en Latinoamérica y el Caribe no solo transformó territorios,
economías y sociedades; también modificó las formas de comprender y relacionarnos
con la naturaleza y los animales. La colonización consolidó una mirada
antropocéntrica en la que los animales podían ser concebidos como recursos,
propiedades o instrumentos al servicio de las personas. Desde una perspectiva
antiespecista, esta relación puede ser cuestionada porque supone una jerarquía en la
que la especie humana ocupa una posición de superioridad y adquiere la capacidad
de decidir sobre la vida y los cuerpos de otros animales (Varela Trejo, 2023).
Esta mirada resulta especialmente interesante cuando observamos prácticas que hoy
son defendidas como parte de la cultura y la identidad. El rodeo chileno constituye un
ejemplo. Su origen está vinculado a prácticas rurales de arreo y manejo del ganado,
pero su transformación histórica lo convirtió en un espectáculo y posteriormente en
un símbolo de identidad nacional. Skewes (2019) sostiene que esta transformación
implicó la apropiación de prácticas populares y de la fuerza de trabajo asociada a
ellas, incorporándolas a un ritual que terminó legitimando la hegemonía hacendal y
determinadas relaciones de poder.
En este proceso, los animales no son actores secundarios. El rodeo construye una
relación particular con ellos: los caballos y bovinos son utilizados para desarrollar
una competencia cuyo objetivo es demostrar destreza, control y dominio. De esta
manera, las relaciones entre humanos y animales quedan atravesadas por una
estructura de poder que no puede comprenderse únicamente desde la idea de
“tradición” (Skewes, 2019).
Algo similar puede observarse en otras prácticas que utilizan animales como
entretenimiento, como las carreras de perros, las peleas de gallos o las corridas de
toros. No significa que todas tengan el mismo origen histórico ni que puedan
atribuirse directamente al colonialismo. Sin embargo, permiten observar una lógica
compartida: animales convertidos en medios para fines humanos y prácticas cuya
legitimidad puede construirse culturalmente.
Varela Trejo (2023) propone precisamente cuestionar ese orden especista y prestar
atención a las formas en que los animales experimentan el mundo. Esto supone dejar
de considerarlos únicamente desde aquello que pueden proporcionarnos y comenzar
a reconocerlos como seres con experiencias, intereses y formas propias de habitar sus
territorios.
El problema aparece cuando conceptos como cultura, patrimonio o identidad se
utilizan para cerrar la discusión. Que una práctica tenga historia no significa
necesariamente que deba permanecer intacta. Las culturas cambian, y también
cambian nuestras concepciones sobre aquello que consideramos aceptable.
Revisar críticamente una tradición no implica borrar la historia, sino preguntarnos
qué relaciones de poder estamos reproduciendo al conservarla. Si las tradiciones
también pueden reproducir relaciones de dominación, ¿cuánto de lo que
llamamos “cultura” estamos dispuestos a revisar cuando implica
sufrimiento animal?
Quizás el desafío no sea escoger entre cultura y bienestar animal, sino imaginar
formas de cultura capaces de existir sin convertir el sufrimiento de otros animales en
espectáculo.
Palabras clave: colonialismo, antropocentrismo, especismo, rodeo chileno, tradición,
cultura, patrimonio, identidad
Referencias
Skewes, J. C. (2019). ¿Qué es el rodeo? Desensamblando las piezas de un ritual
nacionalista. Revista Austral de Ciencias Sociales, (37), 49–66.
doi:10.4206/rev.austral.cienc.soc.2019.n37-03
Varela Trejo, D. A. (2023). Naricear la Canópolis en clave interespecie-antiespecista.
En A. C. Ramírez Barreto (Coord.), Animales desde el nuevo mundo: Activismo para
la teoría. Morelia, México: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.





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