top of page

La violencia también se hereda

23 sept
2 min de lectura

El colonialismo en Latinoamérica y el Caribe no solo transformó territorios,

economías y sociedades; también modificó las formas de comprender y relacionarnos

con la naturaleza y los animales. La colonización consolidó una mirada

antropocéntrica en la que los animales podían ser concebidos como recursos,

propiedades o instrumentos al servicio de las personas. Desde una perspectiva

antiespecista, esta relación puede ser cuestionada porque supone una jerarquía en la

que la especie humana ocupa una posición de superioridad y adquiere la capacidad

de decidir sobre la vida y los cuerpos de otros animales (Varela Trejo, 2023).

Esta mirada resulta especialmente interesante cuando observamos prácticas que hoy

son defendidas como parte de la cultura y la identidad. El rodeo chileno constituye un

ejemplo. Su origen está vinculado a prácticas rurales de arreo y manejo del ganado,

pero su transformación histórica lo convirtió en un espectáculo y posteriormente en

un símbolo de identidad nacional. Skewes (2019) sostiene que esta transformación

implicó la apropiación de prácticas populares y de la fuerza de trabajo asociada a

ellas, incorporándolas a un ritual que terminó legitimando la hegemonía hacendal y

determinadas relaciones de poder.

En este proceso, los animales no son actores secundarios. El rodeo construye una

relación particular con ellos: los caballos y bovinos son utilizados para desarrollar

una competencia cuyo objetivo es demostrar destreza, control y dominio. De esta

manera, las relaciones entre humanos y animales quedan atravesadas por una

estructura de poder que no puede comprenderse únicamente desde la idea de

“tradición” (Skewes, 2019).

Algo similar puede observarse en otras prácticas que utilizan animales como

entretenimiento, como las carreras de perros, las peleas de gallos o las corridas de

toros. No significa que todas tengan el mismo origen histórico ni que puedan

atribuirse directamente al colonialismo. Sin embargo, permiten observar una lógica

compartida: animales convertidos en medios para fines humanos y prácticas cuya

legitimidad puede construirse culturalmente.

Varela Trejo (2023) propone precisamente cuestionar ese orden especista y prestar

atención a las formas en que los animales experimentan el mundo. Esto supone dejar

de considerarlos únicamente desde aquello que pueden proporcionarnos y comenzar

a reconocerlos como seres con experiencias, intereses y formas propias de habitar sus

territorios.

El problema aparece cuando conceptos como cultura, patrimonio o identidad se

utilizan para cerrar la discusión. Que una práctica tenga historia no significa

necesariamente que deba permanecer intacta. Las culturas cambian, y también


cambian nuestras concepciones sobre aquello que consideramos aceptable.

Revisar críticamente una tradición no implica borrar la historia, sino preguntarnos

qué relaciones de poder estamos reproduciendo al conservarla. Si las tradiciones

también pueden reproducir relaciones de dominación, ¿cuánto de lo que

llamamos “cultura” estamos dispuestos a revisar cuando implica

sufrimiento animal?


Quizás el desafío no sea escoger entre cultura y bienestar animal, sino imaginar

formas de cultura capaces de existir sin convertir el sufrimiento de otros animales en

espectáculo.

Palabras clave: colonialismo, antropocentrismo, especismo, rodeo chileno, tradición,

cultura, patrimonio, identidad

Referencias

Skewes, J. C. (2019). ¿Qué es el rodeo? Desensamblando las piezas de un ritual

nacionalista. Revista Austral de Ciencias Sociales, (37), 49–66.

doi:10.4206/rev.austral.cienc.soc.2019.n37-03

Varela Trejo, D. A. (2023). Naricear la Canópolis en clave interespecie-antiespecista.

En A. C. Ramírez Barreto (Coord.), Animales desde el nuevo mundo: Activismo para

la teoría. Morelia, México: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

 
 
 

Comentarios


bottom of page